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Hablando con las gallinas

 


TOÑI MARTÍN

GRANJERA


Toñi Martín recoge 400 huevos camperos al día. Todos los mediodías, sin poder faltar uno, se acerca para abrirles la puerta y que pasen el día al aire libre en la parcela que tiene en el medio del monte de la localidad de Los Santos. Luego regresa al final de la tarde, cuando las gallinas ya se han recogido en el gallinero y cierra la puerta. Las gallinas excavan agujeros en el suelo para darse baños de tierra. Son unos animales muy delicados y ponen menos huevos con la disminución de las horas de luz o con el estrés que les genera la visita del meloncillo.

Al estar en medio del campo, en la parcela entra de todo. Gracias a un agujero bajo la alambrada se han venido metiendo zorros y meloncillos, y le han matado casi 150 gallinas. Aunque llevaban varios años probando con un puñado de ellas, unos meses atrás decidió dar el salto y compró 500 ponedoras para llevarlas a una nave que ya tenía y que ha reformado para cumplir la normativa y poder realizar allí el proceso de envasado. Realizó el preceptivo curso de bienestar animal que exige la Junta y también instaló placas solares que les proporcionan la energía necesaria para la explotación.


Cuando Toñi pasea por la parcela, las gallinas corren a su alrededor como si fueran perros falderos. Los jueves hace el reparto, principalmente en pueblos de las cercanías: tiendas, restaurantes y ferias. También distribuye en tres tiendas de Salamanca. Para ello, tras limpiarlos en seco a mano, los sella con su propio número y los lleva en su propia furgoneta, pues no queda margen para contratar los servicios de un distribuidor. Está sopesando aumentar el número de gallinas, es preciso contar con dos mil para poder vivir de ello.

Si has cocido un huevo fresco no serás capaz de pelarlo en condiciones. Sólo cuando han pasado varios días, la cáscara se extrae con facilidad. La normativa permite mantener refrigerados los huevos durante cinco meses antes de ponerles la fecha de caducidad que otorga otros veintiocho días antes de tenerlos que desechar. Esos son los huevos que a veces encontramos en los supermercados a ochenta céntimos la docena. Quizás merezca la pena pagar algo más.


Con la subida del precio de los piensos, cae el margen de beneficio de los productores. A las gallinas no está permitido administrarles ningún tipo de medicamentos, únicamente vitaminas. A los dos años las gallinas comienzan a poner menos huevos, es el momento de renovar a los animales. Sólo en La Coruña y en Sevilla hay mataderos autorizados para sacrificar gallinas y así vender su carne. El resto son para pollos y otras aves, pero si no se quiere hacer tantos kilómetros sólo está permitido matarlas bajo supervisión y utilizando un gas para ello. Además, la carne no puede ser consumida de ninguna forma.

Hace treinta años, Toño se vino a los Santos desde Navarredonda de la Rinconada para casarse con Bernardo. Habla con sus gallinas y a veces las regaña, y cuando encuentra a alguna que se ve más débil, la aparta y la cuida hasta que se recupera. 


Para saber más: http://www.sierrasdesalamanca.es/revistainvierno2021





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