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Magdalenas y Rock´nRoll

 


SARAH GARCÍA VALIENTE

PANADERA

Si usted circula por la carretera que une Salamanca con Vitigudino y decide parar a descansar en Villarmayor, es probable que entre en Don Hornazo, un lugar sorprendente, agradable y bonito y con un sinfín de manjares que parece que le miran a uno a los ojos.

El local cuenta con más de ciento veinte años y muchas décadas atrás era conocido como El Motor por el ruido que hacía la máquina de vapor que lo mantenía en funcionamiento. Entonces albergaba un molino de pienso y una diminuta panadería. Ahora encontramos un espacio diáfano y acogedor, delicadamente iluminado y decorado con gusto exquisito al tiempo que mantiene las señales inconfundibles de lo que fue ayer: antiguas puertas metálicas de los hornos de pan conviven ahora con una amplia barra de  cafetería, donde las tapas compiten por llamar nuestra atención con otros  productos: panes, hornazos y dulces que elaboran allí mismo, justo al otro lado de la puerta. El local también dispone de un pequeño comedor situado junto al fuego de una chimenea para aquellos previsores que hayan llamado para encargar la comida. ADEZOS apoyó financieramente la modernización del local.

Los artífices de tanta sorpresa, son Sarah García Valiente y su hermano, quienes decidieron continuar con el negocio familiar que fundó su abuelo Wenceslao García Cruz con la ayuda de sus hijos cuando en los años setenta compró aquella vieja fábrica de harina para reconvertirla en obrador donde elaborar hogazas de pan. De la venta se hacía cargo su abuela Ramona Alonso Zapata y en buena parte de la actual cafetería, se encontraba la vivienda familiar. Pasado el tiempo, Sarah decidió estudiar Bellas Artes en Salamanca y encaminar sus pasos hacia Castellón en 1998, donde pasó varios años trabajando en hostelería hasta que decidió que ya era hora de regresar a sus orígenes para ayudar a cuidar a su abuela y hacerse cargo junto con su madre del negocio familiar, pues en aquella época volvió a quedar cerrado.


Desde muy pequeña Sarah estuvo trasteando en la panadería, aprendiendo de sus abuelos y su padre, por lo que no le resultó complicado ponerse al día y hacerse cargo de los procesos de elaboración mientras su hermano atendía la venta y los trámites de gestión. En 2009, los dos hermanos apostaron por abrir una tienda en la calle Van Dyck de Salamanca para vender los productos que elaboran en Villarmayor y poco a poco fueron ampliando el local hasta añadirle una cafetería. Más tarde, en 2019, decidieron embarcarse en una aventura similar en el pueblo y transformar el despacho de pan en la moderna cafetería que podemos disfrutar hoy en día. Por aquí pasan numerosos clientes que se acercan desde los pueblos de alrededor, pues no hacen reparto.

El negocio ha cambiado de nombre en varias ocasiones: El Motor, pasó a denominarse El Molino para después pasar a ser conocido como la Repostería Artesana, hasta que finalmente le cambiaron al actual DON HORNAZO. El hornazo, antes muy circunscrito a las fechas cercanas al lunes de aguas pasó a tener mayor demanda cuando decidieron producirlo de forma habitual, compitiendo en protagonismo con las perrunillas, empanadas y magdalenas. Elaboran también otro tipo de repostería como bollos suizos, croissants, nevaditos o pastas de coco, bollo maimón, galletas de nata,  magdalenas con pepitas de chocolate y una lista  interminable de productos que harán las delicias de los más golosos. Para ello procuran recuperar las recetas de sus abuelos, de las vecinas o incluso de unas monjas a las que fueron a comprarles la máquina de hacer pastas.

Además de los dos hermanos, la empresa cuenta con seis trabajadores y dos más en la tienda de Van Dyck. A Sarah le gusta estar en todos lados, supervisando los procesos, la única forma de que el negocio salga adelante. Ella es el nuevo motor del negocio.


En este mundo de hombres que es la panadería, Sarah se levanta todos los días a las 3.30 h. y no se acuesta hasta las 23.30 de la noche y afirma manejar la pala tan bien como el mejor de ellos. Para no morir en el intento duerme una larga siesta justo después de ver Saber y Ganar. El secreto de su energía inagotable está en disfrutar de un buen desayuno donde no pueden faltar sus propias magdalenas. Desde entonces y hasta las 13.00 h. suele estar en el obrador y si es preciso, se encarga de hacer el reparto. 

Sarah tiene el alma dividida en dos, y además de su querencia a estar entre hornos y harina, esconde otra pasión que es ser cantante en grupos de heavy y rock. Entre tanto trajín, aun encuentra hueco para ensayar y actuar en locales como La Española y subir los conciertos a su canal de Youtube Sarah Evil. Se ha comprado un ordenador que le permite realizar grabaciones desde su casa, y a sus cuarenta y tres años ha grabado cuatro discos y tiene un hijo que quiere dedicarse al mundo de la informática.

Sarah piensa que estaría bien que se ampliara la oferta turística de la zona, incluyendo un programa de dinamización que enriqueciera la estancia y así generar nuevos negocios en los pueblos.

















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