PATRICIA REVESADO CALVO
INDUSTRIAL
Patricia Revesado comienza su jornada de trabajo a las seis de la mañana, cuando se levanta para poder entrar la primera en la fábrica de Embutidos Flores que regenta en Villaseco de los Gamitos y continuar con la costumbre que le inculcó su padre de comprobar diariamente la humedad del embutido en los secaderos. Cuando los trabajadores de la fábrica comienzan su jornada, Patricia continúa con el trabajo de oficina, revisando mails, llamando a proveedores y clientes o atendiendo pedidos. A media mañana, Patricia se traslada a Vitigudino para comprobar cómo van las cosas en el establecimiento que tiene en esta localidad, Carnicería Flores, allí realiza las gestiones y el papeleo que todo ello conlleva. Por la tarde vuelve de nuevo a la fábrica y trabaja hasta la hora del cierre. Los sábados y domingos también acude a comprobar que cámaras y secaderos funcionan correctamente y continúa con el trabajo que durante la semana no ha podido terminar. Gracias a la implicación de su marido y al apoyo de sus abuelas pudo conciliar trabajo y familia cuando sus hijas eran pequeñas.
En la década de los años cuarenta del siglo pasado, sus abuelos Flores Revesado Martín y Esperanza Rubio Sánchez abrieron una pequeña carnicería en Vitigudino en el mismo emplazamiento que aún se conserva, en la cual trabajaron también sus hijos y en la que realizaron varias ampliaciones y obras de mantenimiento. Fue el padre de Patricia quien comenzó a elaborar sus propios productos, creando una pequeña fábrica de embutidos que fue el germen de Embutidos Flores. Conforme fue quedando pequeña, surgió la posibilidad de adquirir y reformar una pequeña fábrica que existía en Villaseco de los Gamitos y desde entonces no ha dejado de aumentar en instalaciones hasta alcanzar los cinco mil metros cuadrados, con secaderos naturales, secaderos artificiales, cámaras y todo aquello que precisa el curado de los productos que allí elaboran.
A lo largo de todos estos años la normativa ha cambiado mucho. Ejemplo de costumbres ya desterradas era el uso de papel de estraza o el sacrificio de las canales en las propias empresas. Hoy todo aquello ha sido sustituido por innovaciones como el envasado al vacío o el termoformado y maquinaria de última generación. Antes el proceso del curado venía determinado por las estaciones del año, pues dependía de las condiciones atmosféricas. Actualmente se controla la humedad y temperatura, lo que permite una producción sostenida a lo largo del año, que se va regulando conforme a la demanda y cuyo momento álgido es el mes de agosto, cuando acuden a la zona los vecinos que emigraron a Madrid, País Vasco o Cataluña y aprovechan para hacer acopio de embutidos. El loteado de los productos permite conocer con exactitud cuándo se ha producido cada proceso, lo que asegura poder sacar a la venta el producto en el momento justo en que ha terminado su curación. Todo esto se realizaba antiguamente a ojo, palpando las piezas para comprobar su estado en cada momento. También existe un riguroso control de trazabilidad que permite retrotraernos a cada uno de los momentos por los que ha pasado el animal desde su nacimiento, su engorde, sacrificio, elaboración y venta.
Actualmente, la empresa tiene un departamento de calidad dirigido y gestionado por Patricia en el que se asegura que los productos que se fabrican se han elaborado con las mejores materias primas y han pasado por unos exhaustivos controles de calidad. Embutidos Flores forma parte de la Marca de Garantía Ibéricos de Salamanca de la que Patricia es presidenta.
Como en muchos otros sectores del mundo rural, los costes de las materias primas han hecho que sea grande el esfuerzo para mantener unos precios bajos. Aunque también elaboran jamones Ibéricos y blancos, el producto estrella es el embutido: la longaniza casera, el chorizo de bellota o el cabecero de ibérico. Las ventas las realizan a través de su página web y en las tiendas de Vitigudino y Villaseco. Cuentan además con una red de comerciales que los distribuyen por todo Castilla y León, tanto en grandes superficies, supermercados o tiendas de barrio, siendo también el proveedor principal de los principales obradores que producen hornazos. También es fácil encontrarlo en toda España, especialmente en Castilla y León, País Vasco o Castilla La Mancha.
En 2017 falleció el padre de Patricia y aunque ella ya trabajaba en la empresa, tuvo que hacerse cargo del negocio donde acudía de niña a jugar haciendo salchichas. Desde entonces, todos los jueves Patricia hace un planning en el que decide qué cantidad de embutido producirá la semana siguiente, conforme las existencias y demanda que tienen en ese momento, aunque por regla general producen unos diez mil kilos a la semana. En la fábrica también elaboran las carnes adobadas, longaniza fresca y burguer meat que venderán en las tiendas. Patricia sabe hacer cada uno de los productos y puede realizar las diferentes funciones tanto de las tiendas como de la fábrica. Considera que esto es algo imprescindible para poder dirigir a su equipo.
Cuando terminó sus estudios de secundaria, Patricia fue a Salamanca para graduarse como licenciada en Historia del Arte y después realizó un máster en gestión de patrimonio y trabajó durante un año en la Universidad. Sin embargo, regresó a sus orígenes para gestionar la empresa con su hermano César y su padre. Ahora también organizan visitas a las instalaciones de la fábrica con degustación de embutidos y en ocasiones añaden una visita a una ganadería de reses bravas. Antes de despedirnos Patricia nos confiesa un secreto: le apasiona su trabajo en la fábrica y desearía que el día tuviese más horas para invertirlas en ello.
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