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Todos quieren a Mamen

 



MAMEN RODRÍGUEZ MARTÍN 

COCINERA

El Rollo es el segundo negocio de hostelería que regenta Mamen junto a su pareja en Vilvestre. El primero fue un bar-discoteca que habían alquilado y donde cayó en la cuenta de que la gente pedía cada vez más comida y menos baile. Así es que finalmente decidieron dejar aquello y embarcarse en la construcción de un restaurante en el que hay que reservar si quieres asegurarte mesa y que por supuesto, situaron en Vilvestre que “será el fin del mundo, pero es el fin del mundo más bonito que puedas imaginar”. 

Tardaron trece años en hacerlo realidad, puesto que el solar lo adquirieron en 2010. Once años antes, en 1999, alquilaron el bar discoteca y no inauguraron el Restaurante El Rollo hasta 2016. Desde entonces su cocina se ha convertido en un referente en la zona y no hay pueblo a la redonda donde los vecinos no conozcan a Mamen y se acerquen a Vilvestre para comer allí o tomarse un vino en la barra que atiende Javier Rodríguez Martín, su marido. Todo el mundo coincide en que las Arribes necesitan más establecimientos de hostelería, y El Rollo vino a cubrir parte de aquella demanda. 

Levantaron el restaurante sobre el terreno que antes ocupaba una vieja cuadra y lucharon con las trabas administrativas y la búsqueda de financiación en una época en que el país estaba sumido en una crisis económica y los bancos no facilitaban los préstamos. Pero finalmente lo consiguieron y ya son siete los años ofreciendo comidas caseras de base tradicional. Nunca imaginaron que tendrían tanta afluencia.  



Mamen disfruta de su oficio que ha aprendido a base de comer y seleccionar aquello que le resultó más satisfactorio. A diario ofrecen un menú de once euros que suele incluir una legumbre, verdura, pasta o arroz y dos carnes y un pescado de segundo. El fin de semana cambia a un menú especial de entre veintidós y treinta euros. La sopa castellana o alubiones con jamón ibérico, chorizo y morcilla, los garbanzos con calamares y cigalas o la ensalada de ahumados son cuatro de los más demandados. Como segundo triunfan las carrilleras en vino dulce, las manitas de cerdo en salsa de tomate o el rabo de cerdo además de carnes de la zona como chuletón o entrecot que adquieren en Vitigudino. También disponen de solomillo de añojo, cordero o tostón asado bajo encargo. 

Georgsmarienhutte es la localidad alemana donde nació Mamen. Sus padres emigraron para encontrar trabajo, él en una fábrica de carne y su madre en una de ventanas. En 1984 regresó a Vilvestre con apenas nueve años. Ya no puede hablar el idioma, pero aún lo comprende si alguien se dirige a ella. Estudió en el colegio de Vilvestre hasta que fue a Salamanca para continuar en la Lorenzo Milani. Durante ese periodo vivió en la residencia Alfonso VIII y allí fue donde se despertó su interés por la gastronomía puesto que los fines de semana ayudaba con los guisos y otras faenas de cuchara a la cocinera Caridad Escribano, de la que sólo habla maravillas. Su primer recetario se lo regaló una vecina cuando se casaron: 1080 recetas de cocina, de Simone Ortega. En aquel entonces no existía Internet. 

A Javier lo conoció en Vitigudino, mientras se sacaba el carnet de conducir. Él trabajaba en hostelería y Mamen terminó también en el sector. Finalmente decidieron alquilar el bar-discoteca que traspasaban en Vilvestre y así comenzó la aventura. 


Sus clientes habituales son los vecinos de Vilvestre y los pueblos cercanos y los obreros de la mina de wolframio de Barruecopardo. Los fines de semana acuden excursiones que llaman para reservar con antelación, sobre todo durante las fiestas de agosto y en las de San Sebastián y la Virgen del Castillo que son días de mucho ajetreo:  desde las ventanas del comedor se ven las fiestas de los toros. Con los grupos acuerdan el menú y es habitual que celebren comuniones o bodas de oro pues su salón tiene capacidad para más de sesenta comensales. Pese a que tienen a cuatro trabajadores desempeñando diferentes tareas, les resulta muy complicado encontrar personal por lo que no pueden servir mesas en las dos agradables terrazas que tienen con vistas al campo donde esperan los almendros.

Mamen tiene una semana de vacaciones al año, además de algún fin de semana de invierno que aprovechan para escaparse. Este año pudieron ir de vacaciones a la playa. Es la segunda vez que Mamen se ha bañado en el mar: la primera fue durante su viaje de bodas. Antes sólo lo había visto en 1989, durante una excursión siendo adolescente. Esto es hostelería y aquí se trabaja mucho: de lunes a domingo. Tiene dos niños adolescentes que estudian en Salamanca ciudad. Al niño le encanta Vilvestre, ese jardín de olivos, almendros y naranjos que se asoma al Duero por caminos de ensueño. 

A Mamen le gustaría que la gente siguiera viviendo en los pueblos, pero es una de las muchas que piensa que para conservar la población resulta imprescindible conservar la sanidad y la escuela. Sin esos dos pilares resulta difícil atraer a nuevos pobladores que quieran asentarse en este rincón del paraíso.



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