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Un corazón de miga de pan

 


JULIA RODRIGO ANDRÉS

PANADERA

Encontramos a Julia Rodrigo Andrés tras el mostrador de la panadería de Aldeadávila de la Ribera, saludando y atendiendo a una multitud de gente que se acerca desde primera hora de la mañana para comprar el pan, las pastas, los hornazos, los pasteles, las empanadas o las tortas de chicharrones y las magdalenas que producen desde bien temprano. Morena y seria, con setenta y nueve años continúa al pie del cañón, con su hijo faenando en el obrador al que se accede atravesando una puerta que se encuentra a sus espaldas. 

Julia es memoria viva de la historia reciente de Aldeadávila. Nacida en la postguerra, ha conocido las penurias de aquella época y el desembarco de la modernidad que supuso la construcción del embalse y la presa destinada a convertirse en una de las principales productoras de electricidad del país y motor de desarrollo de la localidad. Atraídos por ella, ha conocido también los rodajes de películas tan señaladas como La cabina, con José Luis López Vázquez, la sexta entrega de Terminator, o la inolvidable Doctor Zhivago, cuya troupe de artistas entre los que se encontraban Omar Sharif, Julie Christie o Geraldine Chapling, se refugiaron en una finca durante el rodaje y nada quisieron saber de los vecinos del lugar.


Paralelamente, el incansable esfuerzo de Julia ha propiciado un sorprendente desarrollo en la industria familiar que comenzó más de cuarenta años atrás cuando su marido, transportista de profesión, decidió retomar el antiguo negocio de panadería que permanecía cerrado haciéndose cargo ella de sacarlo adelante. El oficio no le era desconocido, dado que ya su padre junto con un socio había regentado otra panadería donde ella acudía a ayudar en lo que podía alcanzar con sus doce años de edad.

Por todo ello no le resultó tan arduo el comienzo, si bien tiempo después hubieron de realizar reformas para ampliar el despacho de pan, puesto que el originario quedó demasiado pequeño cuando decidieron a elaborar dulces pues al principio rara vez se ofertaba otra cosa fuera del pan.

Actualmente también ofrecen hojaldres, mantecados, perrunillas, bizcocho de azúcar y manzana, rosquilla frita, pastas de vainilla, manzana y té. La tahona es el paraíso de las magdalenas: normales o con chocolate y para quienes desean cuidarse, sin azúcar e integrales. Se venden todos los días, aunque con la llegada de los turistas los fines de semana, las baldas y anaqueles enseguida quedan vacíos. Sus productos también pueden encontrarse en tiendas de los pueblos en los alrededores y han abierto otra tahona con el mismo nombre de Panadería Julia en la ciudad de Salamanca.

Lejos quedan ya los días en que tenían que levantarse a las cuatro de la mañana para comenzar a elaborar los productos. Gracias a la incorporación de cámaras de fermentación y a la automatización del encendido de los hornos, su hijo puede demorar el comienzo de la jornada hasta las seis y Julia abrir el despacho cuando ya ha amanecido, que bien merece siquiera ese descanso.


Pero no termina aquí el afán emprendedor de nuestra protagonista. Hace veintidós años, con el comienzo del auge del turismo rural, Julia abrió un hotel denominado La Jara, pues apenas había alojamientos disponibles para aquellos que se acercaban a conocer las Arribes. Tras descartar construir una residencia, optaron por levantar el hotel que luego fueron ampliando. Con dieciocho habitaciones, dos estudios y cuatro apartamentos, fue un empeño familiar al que se unieron los hijos. Sus clientes suelen ser los trabajadores de Iberdrola durante semana y visitantes de fuera durante los fines de semana, en Semana Santa, en época estival, y cuando se organizan actividades de dinamización, aunque reconoce que desde la pandemia no se ha recuperado la ocupación que era habitual.

Más adelante, y con el apoyo de sus hijos han continuado abriendo nuevos establecimientos: las casas rurales el Molino, El Olivo y el Almendro y las cabañas Miraduero o las Villas Arribes, construidas en madera y un nuevo alojamiento de alquiler completo con diez dormitorios llamado la Hoja que recién acaba de inaugurar. Para completar su incursión en la oferta turística, decidieron ofrecer también rutas guiadas en todoterreno, otra forma de conocer el paisaje. 

Julia continúa llevando el hotel, mientras sus hijos, se dedican a la gestión del resto de alojamientos y no se explican cómo su madre podía hacerse cargo de todo. Julia nos mira con incredulidad cuando lo cuenta, se ve que aún le queda fuerza y tesón para largo. 


Para saber más: https://adezos.es/IMPULSODEMUJER2/



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